CRÍTICA | Frozen: El reino del hielo.

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Inspirada en La Reina de las Nieves, uno de los cuentos más famosos de Hans Christian Andersen, Frozen: El reino del hielo ha sido la fuerte apuesta de Disney de cara a las ya pasadas Navidades. Una apuesta que goza de gran calidad musical, así como de un apartado visual excelente que, junto a sus otros puntos fuertes, da como resultado una obra que calará hondo en el corazón de los más pequeños y que puede impresionar incluso a los espectadores más crecidos.

Como viene siendo habitual últimamente en Disney, los protagonistas gozan de una fuerte personalidad, siempre compatible con un lado más tierno, y se presentan como claros representantes del bien y del mal –aunque, en esta ocasión, nos aguarda alguna que otra sorpresa–. La mayoría de ellos cuenta con cierta complejidad, pese a que, a menudo, no ha sido explotada. Y tal y como ya ocurría en Brave, los personajes femeninos vuelven a hacerse con la batuta y llevan, en sentido figurado y literal, la voz cantante de la obra.

Frozen, AnnaAnna es la protagonista principal, una joven a través de la cual podemos conocer el propio desarrollo de Disney y su relación con las mujeres al largo de la historia: de princesas que esperan sentadas a su príncipe azul, a féminas con un carácter fuerte que les impide permanecer inmóviles mientras los acontecimientos desfilan ante sus ojos. Anna es inquieta e impaciente, mientras que su hermana, Elsa, está resignada a entregarse a una vida de paciente reclusión. Ambas funcionan como contrapuntos que representan dos tipos de soledad muy distintos.

Resulta curioso el acierto del personaje de Olaf, el muñeco de nieve que podría no haber encajado en la obra por el peligro que corría de convertirse en una especie de mascota insoportable que, sin embargo, es incluso probable que divierta más a los espectadores adultos que a los pequeños. Su comicidad resulta enternecedora en ocasiones, y aunque la película podría seguir adelante sin su presencia, perdería un gran elemento cómico. La inclusión de los trolls es similar en resultado, aunque en esta ocasión sí podemos denotar que se trata de un grupo de simpáticos personajes poco explotados, ya que tan sólo cuentan con un par de escenas que protagonizan de manera un tanto apresurada.

En cuanto a la música, se trata, posiblemente, del apartado más destacado de Frozen. Este apartado corre a cargo del compositor Christophe Beck, con maravillas como Let it go o For the first time in forever, que, con la admirable interpretación de Idina Menzel y Kristen Bell, –si bien el trabajo del resto del elenco original también es digno de admiración a nivel vocal­–, se sitúa a la altura de los grandes clásicos. En nuestro doblaje, Carmen López ha resultado ser una maravillosa Anna, capaz de eclipsar la decente interpretación de Elsa, realizada por Gisela.

Como ya hemos apuntado anteriormente, el aspecto visual es otro de los mayores atractivos. Una animación cuidada con esmero hasta el más mínimo detalle –especial atención a los copos de nieve, todos diferentes entre sí y, sobre todo, a la impresionante transformación de Elsa– la convierte en una de las cintas de Disney más espectaculares hasta la fecha, capaz de dejarnos boquiabiertos en nuestros asientos.

La fisonomía de los personajes, no obstante, se presenta antiestética y poco sana, con cuerpecillos extremadamente delgados, un detalle que la compañía debería tener muy en cuenta de cara a la evolución de los mensajes que transmite a las nuevas generaciones. No es ninguna novedad que las princesas de Disney presuman de cinturas imposibles, pero una vez dado el paso de convertirlas en independientes y guerreras, con autonomía propia, tal vez, también sea el momento de dotarlas de mayor credibilidad física.

El ritmo de la narración es lo que realmente convierte a Frozen en una obra amena, divertida y emocionante, unido a las sorpresas que deparan al espectador, que, a menudo, se sienta ante una película de Disney esperando prever el desarrollo de los acontecimientos. Pero, en esta ocasión, no todo es lo que parece.

A pesar de todos los puntos positivos recalcados, es posible que el desenlace se le antoje al espectador algo precipitado a causa de una pobre explicación de la resolución del conflicto. Además, se echa en falta una canción a modo de cierre; la película parece perder su faceta musical a un tercio del final. Aún así, la sensación que queda después de haber sido testigo de la historia de Frozen es la de encontrarse ante uno de los mejores largometrajes realizados por la franquicia en los últimos años.

Frozen, Anna, Kristoff y Olaf

La salida al mercado de la película en formato DVD y Blu-ray, por cierto, está prevista para el próximo 26 de marzo.

Lo mejor:

  • La banda sonora
  • La impresionante animación
  • Adiós a las insulsas princesas de antaño que permanecían como personajes planos durante toda la película

Lo peor:

  • Todavía tenemos que conformarnos con heroínas de aspecto frágil
  • El final puede parecer apresurado
  • Echamos en falta una canción hacia el desenlace
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3 thoughts on “CRÍTICA | Frozen: El reino del hielo.

  1. Concuerdo contigo en la mayoría de los puntos. Siendo honesta, y aunque si haya disfrutado de ella, y especialmente algunas de las canciones, la película me decepcionó bastante.
    Me pareció que los personajes masculinos estaban de sobra, y me hubiera gustado que la historia profundizara más en la relación de Anna y Elsa. En lugar de la canción y el corto montaje con el que nos dejaron.
    Hablando de la animación, me parece una hipocresía el hecho de que se haya gastado tanto tiempo como presupuesto en los paisajes; si mal no recuerdo, utilizaron un programa especial cuya única función era la creación de los copos de nieve y la magia de hielo que utiliza Elsa, pero no fueron capaces de dedicar más tiempo al diseño de los personajes (aparentemente, porque “animar personajes femeninos es muy complicado”, ¡bah!), y el resultado fue un par de princesas caucásicas que se ven exactamente igual a todas las demás.
    Por cierto, Anna y Elsa no son las “primeras” princesas que muestran fuerza y voluntad, no nos olvidemos de Mulan, Tiana o Merida 😉 aunque esta última es un poco más moderna.

    1. ¡Perdona por tardar tanto en responder! Los exámenes me tienen secuestrada…

      La verdad es que tengo que darte la razón en todo: tanto en la diferencia de calidad en la animación del paisaje y el diseño de personajes como el hecho de que Anna y Elsa no son las primeras princesas Disney en demostrar que una mujer no tiene que tener a un hombre como el centro de su vida (sumo a la leona Nala a la lista, que siempre será mi favorita 🙂 ).

      ¡Un saludo y gracias por comentar!

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